Dormir con nuestras mascotas es una práctica común entre muchas personas. Sin embargo, una cosa es dormir con un perro o con un gato y otra muy distinta hacerlo con una serpiente, como esta mujer.

La protagonista de nuestra noticia es una mujer que tenía como mascota a una pitón de 3 metros de largo. La mujer se acostaba y la pitón le acompañaba sinuosamente, deslizándose entre su cuerpo. Pasaba por su espalda, rodeaba sus piernas, siseaba sobre sus hombres… Ella lo veía como un gesto de verdadero amor.

Un día, la pitón dejó de comer. Las dietas de las serpientes no son complejas, por lo que haber dejado de comer era un síntoma grave y la mujer decidió llevarla al veterinario.

La doctora que le atendió le preguntó por los hábitos de la serpiente y, cuando la mujer explicó que dormía con ella, la profesional lo tuvo muy claro y le explicó la horrible verdad.

La pitón había dejado de comer porque es un proceso natural que sigue, cuando tiene pensado alimentarse de algo más grande. Por ese motivo, deja espacio en su estómago para poder ingerir una «presa» más grande. Obviamente, la presa era su dueña.

La serpiente había tanteado el terreno durante varias noches, hasta que había trazado un plan perfecto. Dejaría de comer hasta tener suficiente espacio, para una noche proceder a ingerir a la mujer que se queda todas las noches dormida e indefensa.

La mujer frustró los planes de la serpiente y dejó de dormir con ella. Al poco tiempo la serpiente volvió a comer su dieta corriente.

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