Pablo tiene 40 años y es natural de Río Negro (Argentina). Nació con Síndrome de Down y fue criado por sus padres, Sara y don Pío.

Pablo tuvo de maestra en la escuela a Rosa, con quien entabló una maravillosa amistad. Incluso después de dejar el colegio, Pablo y Rosa siguieron siendo cada vez más amigos. Tanto es así que, con el tiempo, Pablo dijo a sus padres que cuando ellos no estuvieran, quería que Rosa fuera su madre.

Conforme se hacían mayores los padres de Pablo temían lo peor. Si ellos fallecían sin estar todo arreglado, las instituciones públicas adoptarían su tutela por no ser capaz de valerse por sí mismo. La madre de Pablo falleció y los temores de don Pío se hicieron aún más preocupantes.

Plantearon la situación a Rosa y su esposo José, que aceptaron de inmediato la propuesta. Serían tutores legales de Pablo cuando a su padre le pasara algo. Hicieron todo lo posible por tramitar el testamento. A los 7 meses de firmarlo, el padre de Pablo falleció.

Ahora Rosa, con 52 años y jubilada, junto con José, viven con Pablo, quien les ayuda en la casa cocinando, pintando e incluso haciendo pequeñas obras decorativas.

Para que no fuera traumático para él, sus nuevos padres adoptivos decidieron trasladarse a su casa, donde viven los tres juntos.

Una historia que demuestra que la amistad y el vínculo entre maestra y alumno, puede llegar a traspasar la frontera del tiempo y convertirse en una bonita historia de amistad y cariño.

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