Todo el mundo envejece. Unos mejor que otros y, lamentablemente, no todo el mundo llega a viejo. Pero lo cierto es que, si existe la oportunidad de crecer y que pasen los años, es inevitable convertirse en una persona mayor.

Antes de llegar a esa situación, una madre quiso escribir a su hijo una triste, pero emotiva carta, en la que pide cómo le gustaría que le tratase llegado el caso.

En esa carta, la madre explica una verdad incuestionable. El proceso de la vida nos hace ser niños y comportarnos como tal durante unos años hasta la adolescencia. Pasamos de la juventud hacia la edad adulta y la madurez. Al final, nos hacemos mayores y volvemos a comportarnos como niños, pero en cuerpos de anciones.

Ante esa situación, la madre pide a su hijo paciencia y tolerancia sobre todo. Es posible que necesite que se le repita las cosas, que por límites físicos no pueda realizar ciertas acciones y necesite ayuda, que por problemas mentales no consiga razonar de forma lógica.

En todos esos casos, la madre le pide al hijo ayuda, dedicación y comprensión, para cuidarla y para ayudarla.

También le pide paciencia cuando no sepa cómo aprovechar las nuevas tecnologías. Le pide que le enseñe a utilizarlas, con el mismo cariño que ella le educa ahora.

Termina la emotiva carta sugiriéndole tanto cariño como humor a la hora de cuidar de su anciana madre, porque de esa forma será para todos mucho más fácil afrontar una situación que es inevitable para todos.

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