Ser padre en realidad no es complicado, es algo que por naturaleza casi todo el mundo puede lograr.

Sin embargo, ser padre verdadero, un padre del que se sienten orgullosos sus hijos, que lo idolatran y aman, que lo ven su modelo a seguir, eso ya es más complicado.

Lejos de lo que puede creerse, un padre no es el que paga todas las facturas y trae mucho dinero a casa. Un padre no es el que está con su familia dos veces al año por vacaciones. Un padre no es el que lleva a sus hijos a las mejores escuelas sin verlos durante meses.

Un padre verdadero es el que pone a su familia en primer lugar respecto a todas las cosas. Es quien no abandona cuando las cosas se complican, sino que hace frente a los problemas. Puede que ni siquiera sepa resolverlos, pero lo intentará lo mejor posible.

Un padre es el apoyo que necesita la familia. Al mismo tiempo, un padre verdadero sabe que la familia es el pilar sobre el que descansar tras un duro día de trabajo.

Un padre de verdad enseña a sus hijos a ser buenas personas, generosos, a tratar correctamente a los demás, a reconocer el mérito de otras personas.

Un padre les recordará siempre cómo deben comportarse sus hijos. Cómo evitar herir a otras personas. Cómo valorar a quienes están cerca y, más todavía, a quienes sienten amor por ellos.

Un verdadero padre de familia reconocerá en ella el amor más grande que podrá sentir jamás. Conocerá a cada uno de sus hijos hasta en cualquier detalle y verá detenidamente cómo evolucionan. Un padre de verdad seguirá priorizando la felicidad de sus hijos, sin importar los problemas que tenga que hacer frente.

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