Carter Blanchard es un pequeño niño de 8 años que vive con su familia en Arkansas. Hace dos años fue diagnosticado con vitíligo.

Esta enfermedad provoca manchas en la piel, muchas veces de forma aleatoria, en diversas zonas del cuerpo y sin uniformidad. Carter, como muchas otras personas que la padecen, al principio no supo cómo afrontar su nueva condición cutánea.

Esto provocó en el niño diversos sentimientos. Con el tiempo, generó odio hacia sus propias manchas y cayó progresivamente en depresión. Su madre, desesperada, intentó buscar una solución en Internet. La encontró en forma de perro.

Los perros siempre han demostrado ser gran aliados para tratar la depresión, pero el perro que encontró la madre de Carter era especial ¡porque también padecía vitíligo!

La mujer se puso en contacto con la dueña, que vivía en Oregón. Descubrió que el perro se llama Rowdy y que es un labrador de 13 años, que fue diagnosticado con la misma enfermedad que Carter, precisamente el mismo año.

Gracias a una donación anónima de nada menos que 5.000 dólares, Carter y su madre viajaron hasta Oregón y conocieron a Rowdy. El flechazo entre ambos fue inmediato. Unidos por su amor mutuo y por una enfermedad que ya no genera al pequeño tantos complejos, ambos han iniciado una amistad que traspasa fronteras.

En la actualidad, la madre de Carter y la dueña de Rowdy están buscando soluciones de proximidad para que ambos estén más tiempo juntos. Pero lo que se ha podido comprobar es que enfermedades como el vitíligo, pueden ser menos dañinas emocionalmente, con la ayuda y compañía de nuestros fieles canes.

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