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El abrazo en el momento perfecto, no tiene precio

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El abrazo en el momento perfecto, no tiene precio

El abrazo es un acto incomparable. De hecho, es el único que cuanto más apretado se dé, más reconfortante es.

Nuestro cerebro está programado para una conexión con otras personas, no solo para sobrevivir, sino también por seguridad, confort y felicidad.

Según la neurociencia, por ejemplo, un niño no se desarrollará óptimamente si no se le muestra afecto, consuelo y, sobre todo, protección y amor con los abrazos.

Es cierto que cuanto mayores nos hacemos, parece que menos necesitemos esos abrazos. Que nada nos afecta. Pero es completamente falso.

Nuestras emociones siguen siendo las mismas que de niños y la protección la necesitamos de la misma manera, aunque no lo reconozcamos.

Los abrazos también son necesarios para reconfortarnos en los peores momentos. El abrazo de un ser querido hace que se libere la oxitocina, un neuropéptido que también actúa como hormona.

Con ella se fomentan las relaciones interpersonales y la conexión humana. Por ejemplo está presente siempre cuando una madre abraza a un hijo, entre las parejas enamoradas y hasta en los mejores amigos.

De hecho, hasta los animales cuentan con ese neurotransmisor. ¿Nunca te ha abrazado tu perro o tu gato? ¡Es la oxitocina actuando!

Esta hormona, además, nos motiva a ser amables, compasivos y más empáticos con las emociones de nuestros seres queridos.

El hecho de cerrar los ojos es porque nuestro cerebro se encuentra ocupado liberando oxitocina, por eso inconscientemente siempre se cierran los ojos, para concentrarse en esa función. Un abrazo con los ojos abiertos no tiene esa intensidad.

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